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Author - Viajero

viajar en grupo

EVITA LOS MALOS COMPAÑEROS DE VIAJE

Por regla general, todos viajamos con nuestra pareja, con familiares o con amigos. Todos ellos, gente a la que conocemos, y sabemos de sus virtudes y sus defectos. Cuestión de personalidad, que nos puede afectar por los efectos negativos. Si alguna de esas personas es un bocazas, un mandón o un roñoso, deberíamos evitar emprender unas vacaciones con ellos. Y si no hay remedio, hay que ir preparado para lo que pueda pasar, porque su actitud puede ponernos en algún aprieto.

YA HABLO YO

Por ejemplo, ese amigo de lengua fácil, faltona y escandalosa, puede ser la diferencia entre una buena o mala habitación en el hotel, si entra dando la nota en la recepción. Toma tú la palabra antes de que sea tarde. Será un poco cansado irlo callando todo el tiempo, pero es mejor así porque  puede te puede hacer pasar en un bochorno en cualquier restaurante o en la cola de un museo. Incluso aunque no domine el idioma de vuestro destino, al bocazas generalmente se le entiende no solo por lo que dice sino por como lo dice, y esos gestos y tonos son verdadero esperanto.

NO LO QUIERO VER TODO

Otro carácter que hay que evitar, o por lo menos domesticar, aunque cueste una discusión, es el del gobernante. El cual suele tener como característica añadida la hiperactividad. Puede ser un verdadero suplicio seguirle el ritmo que impone, basado en un estricto planning de viaje en el que no hay tiempo para echarse dos cervezas antes de comer o descansar los pies en un parque entre monumento y monumento. Si tu idea de un viaje es disfrutarlo con tranquilidad, apreciar en profundidad lo que se pueda ver, y dejarte cosas para otra ocasión, que tal vez nunca llegará, entonces conviértete tú en ese mandón que baja sí o sí el ritmo. Un enfado a tiempo puede evitar un viaje insatisfactorio.

PARA ESO NO VENGAS

Lamentablemente no viajamos todo lo que podemos. Un viaje son unos días especiales que hay que gozar al máximo. Está claro que todos nos vamos aquí o allá con unas posibilidades económicas. Pero ponte el margen de gasto lo más alto posible para que no pasarte el viaje contando los billetes de la cartera. Si vas con un tacaño a tu lado, te puede amargar ciertas experiencias, accesibles quizás solo una vez en la vida, y que en realidad son gastos asumibles, como una buena cena o una pequeña excursión que seguramente sea el mejor recuerdo de tus vacaciones.

VIAJAR ES PARA DISFRUTAR

En fin hay más tipos de personas con las que es preferible no viajar como el enemigo de la higiene, el desganado que hay que ir arrastrando a todos los lados o el nacionalista que no descubre nada mejor que lo de su pueblo. Cualquiera de ellos puede ser una tortura en unas vacaciones y cargarse las buenas vibraciones que siempre tiene que proporcionar un viaje, unos días que nunca se repetirán, ni siquiera volviendo a ese destino.

acropolis

UNA ESCAPADA DE TRES DÍAS A ATENAS

Nosotros estamos al oeste del Mediterráneo y los griegos en el otro extremo. Más de tres horas en avión nos separan para aterrizar en el aeropuerto internacional de Eleftherios Venizelos, a unos 30 kilómetros del centro de Atenas. Muchos kilómetros de distancia, pero nada más desembarcar y tomar el metro que une el aeropuerto con el centro de Atenas, pronto nos damos cuenta que somos primos hermanos.

Si este viaje se hace ahora, como somos familia aún sentimos más sus penurias económicas. Ahora es una ciudad, y un país, al que no ayudan las altas instancias europeas, pero les podemos echar una mano como turistas. Aunque,  si se viaja con los ojos vendados, casi ni nos daremos cuenta de su crisis porque todo está a nuestra disposición. Sin embargo no basta una venda, hay que ser ciego para no ver la dramática situación de los griegos.

Primer día en Atenas

El gran atractivo de Atenas lo sabemos todos. Lo hemos visto en la tele, en los libros de texto, en las pelis,… es el Partenón. Una visita inexcusable para todo el que viaje a Atenas. La cuna de la civilización pero lo vamos a dejar para el último día de visita.

El Olimpeion

Vamos a empezar yendo al templo de Zeus Olímpico. Este yacimiento es una de las grandes joyas de su patrimonio. Originalmente este templo alcanzó una longitud de 180 metros por 40 de ancho y tenía más de 100 columnas de orden corintio. Lo de originalmente es un decir, porque su construcción se dilató entre el siglo IV antes de Cristo y el II de Nuestra Era. Hoy solo se ve parte de su planta y únicamente se mantienen en pie 15 de sus esbeltas columnas. Es precioso e impactante en su desnudez. Son unas ruinas que transmiten todo el esplendor de los viejos griegos y al mismo tiempo es la metáfora perfecta del presente.

El Templo de Zeus Olímpico está junto a una de las grandes avenidas de la capital ateniense. El contraste entre el tráfico demencial de la ciudad y la solemnidad del yacimiento no puede ser más brutal. Aun así, la magia del lugar hace que te aísles por completo del entorno, y la mirada solo se desvía hacia arriba, hacia la vecina Acrópolis con el Partenón en su parte más alta. Una zona que es el imán durante todo el viaje. Pero no hay que ser ansioso, hay que acumular más ganas todavía para descubrirla. Se tiene que convertir en la guinda del viaje.

Al salir del Olimpeion o Zeus Olímpico, según con quién se viaje la conversación es inevitable. Alguno puede decir: “ya te lo dije yo, veníamos a ver piedras”. Si alguno piensa así, hay que darle tiempo e intentar explicarle que son piedras sí, pero supervaliosas. Esa primera clase se puede dar sobre los sofás que tienen muchas de las terrazas del cercano barrio de Plaka, el más turístico de la capital.

Aquí se acumulan los restaurantes, cafés y restaurantes, a precios no griegos. También son las calles con más tiendas de souvenirs por metro cuadrado. En fin, hay que conocerlo, tomarse algo, comprar, pasear y pasar el rato. Somos turistas, ¿no?

La Atenas moderna

Después de turistear un poco, caminando hay que llegar hasta ese otro lugar de Atenas que sale un día sin otro en el telediario: la plaza Sindagma. Es la gran plaza de la ciudad, donde está el Parlamento, los soldados que hacen su ceremonial desfile mientras no paran de grabarles smartphones llegados de cualquier parte del planeta. El lugar donde está el hotel más emblemático de la ciudad: el Hotel Gran Bretagne, y donde se acumulan las tiendas y comercios de las grandes firmas mundiales. Todo esto quedará invisible si toca manifestación en la plaza, porque aquí sale el pueblo griego un día sí y otro también para protestar.

Como contraste desde la plaza uno se puede ir al barrio cercano de Kolonaki. Aquí todo es elegancia. En las calles están las tiendas de lujo y en las plazas las terrazas más in de la ciudad. Unas terrazas y bares que están abiertas hasta bien entrada la noche, así que puede ser un buen lugar para acabar el primer día en Atenas.

Segundo día en Atenas

Se puede seguir un esquema similar para el resto de días en Atenas. Dedicar la mañana a su importante pero desgajado patrimonio histórico artístico, ya que en realidad es patrimonio de la humanidad, aquí nunca mejor dicho. Y después de comer o por la tarde vagabundear un poco por las calles atenienses.

El Ágora

Ágora es una palabra griega que se sigue usando en la actualidad, cada vez que nos referimos a un espacio público para el disfrute de la sociedad, unas veces para las fiestas populares y otras para las protestas también populares. Y Atenas nos invita a descubrir el origen de elloscomo de tantas otras cosas.

El Ágora es un enorme yacimiento que fue el epicentro de la ciudad. Ha llegado a nuestros días bastante maltrecho, y aunque se han restaurado partes, posee la poesía de los lugares en ruinas donde se sabe que ocurrieron cosas importantes y caminaron celebridades de otro tiempo. Aquí hablaba Sócrates o pronunciaba sus discursos Pericles. En definitiva, el Ágora es un sitio por el que merece pagar la entrada para descubrirlo a tus anchas. Además hay entradas combinadas para diferentes yacimientos atenienses, para que el bolsillo no sufra demasiado.

Y el complemento ideal a la visita del Ágora es la vecina Biblioteca de Adriano. Otro gran yacimiento que nos habla de la segunda de las grandes culturas de Occidente, los romanos, los primeros que se enamoraron del esplendor político, económico y mitológico de los helenos.

Si no se sabe mucho de historia y de arte antiguo, es recomendable para disfrutar más de estas visitas empaparse un poco de la guía o de las webs que consultéis en la tablet (poned blog-viajes en favoritos). Será mucho más enriquecedor.

El barrio de Monastiraki

Y si no habéis leído nada antes de visitarlos, hacerlo después. Para la tarde no hay que salir del barrio de Monastiraki donde están estos yacimientos y otros muchos. Por las calles de este barrio, además de impactantes iglesias de la religión ortodoxa, también encontraréis diferentes restaurantes y cafés.

Una elección siempre buena en esta zona de Atenas es tomarse un soulaki. Para entendernos el kebab griego, aunque a ellos no les hace gracia esa comparación. Y si eres más vegetariano o andas con el estómago débil entonces lo tuyo va a ser una ensalada a base de tomate, queso feta y pepino. Todo regado con una cerveza local, la Alpha o la Mythos. Y para acabar un café. Una recomendación, si eres bebedor de café con hielo, y estás harto de no encontrarlo en tus viajes al extranjero, aquí vas a tomar algo muy parecido: el expresso fredo.

Después de comer toca caminar un poco, y si se deshace el camino hacia el Ágora, además de entretenerse con las baratijas de muchos tiendas de anticuarios, se llegará a una calle en paralelo al yacimiento, donde pegados unos a otros hay numerosos bares de copas para trasnochar.

Tercer día en Atenas

Se acaba el viaje y todavía queda una cosa pendiente: subir a la Acrópolis. Posiblemente el hotel no esté muy lejano, pero aún así habrá que caminar para ascender. Así que hay que desayunar bien para el camino y para disfrutar de lo que nos espera. En el desayuno de tu alojamiento no ha de faltar el yogur griego, el de verdad. Nada que ver con el de los anuncios de la famosa frase.

La Acrópolis y el Partenón

Es difícil describir este lugar. Físicamente es sencillo. Se entra por los Propíleos o puertas monumentales. Se ve a un lado el pequeño templo de Atenea Nike y se llega a una explanada repleta de trozos de columnas y demás vestigios con 2500 años de antigüedad y como telón de fondo el imponente y ruinoso Partenón. A su lado otro templo, el Erecteion, con su pórtico donde las típicas columnas se han transformado en figuras de mujer. Y sobre la explanada de la Acrópolis se ve toda su ladera repleta de más yacimientos, teatros y las murallas que la separan de la Atenas actual.

Esto es lo que se ve. ¡Pero lo que transmite! Ahí viene lo difícil de describir. Para aquellos que han estudiado historia, es como visitar un lugar donde ya se ha estado y que aún así le deja sin palabras. Y para aquellos que no son especialmente aficionados a estas cuestiones, igualmente quedan impactados. Es un lugar majestuoso, por lo que se ve y por lo que cuenta. No importan los eternos andamios, ni que nada esté entero. Es impresionante.

Tal vez no se comprenda todo lo que se ve. No importa mucho. Es uno de esos poquísimos monumentos que habla. Y de todos modos para entender mejor este enorme yacimiento arqueológico, luego hay que visitar con la entrada conjunta el Nuevo Museo de la Acrópolis situado a sus pies. Allí se ve cómo fue hace veinticinco siglos, y cómo los acosos, bombardeos y saqueos lo arruinaron, cómo se llevaron tantísimas figuras a los museos londinenses, y cómo se trabaja de forma continua en el Partenón y todo el conjunto para que no se derrumbe por completo.

El barrio de Anafiotika

El Nuevo Museo de la Acrópolis está a los pies del yacimiento, y también a sus pies está el barrio de Anafiotika. Seguramente el que más encanto posee en Atenas. Siempre con la presencia en lo alto de la Acrópolis, se pasea por callejones empinados, con casas bajas, grafitis, motos, gatos, y de vez en cuando alguna taberna de sabor especial. En alguna se puede tomar auténtica moussaka y beber otros vinos griegos diferentes al de retsina, el más caro y famoso.

Los amantes de la fotografía aquí van a pasar la tarde sin darse cuenta. Y cuando cae la noche, entre Anafiotika y Plaka encontrarán varios restaurantes interesantes. Unos tienen toda la parafernalia turística, incluida del sirtaki. Pero hay otros más familiares y sabrosos que son el mejor lugar para cenar a base de los ingredientes típicos de la cocina griega como berenjenas, lentejas, quesos o carnes, que son el mejor broche para esta intensa escapada por Atenas.

Barcelona Agbar Tower Alex Rud Flickr

Torre Agbar

La Torre Agbar se ha convertido desde su construcción en el año 2005 en uno de los nuevos símbolos de Barcelona. Los motivos para ellos son muy simples y básicamente tres. En primer lugar, su altura. Alcanza los 145 metros de altura, aunque no es el edificio más alto de la Ciudad Condal, sino el tercero, tras el Hotel des Arts y la Torre Mapfre. Por otro lado hay que tener en cuenta su colorismo, especialmente de noche, cuando muestra una iluminación dinámica, novedosa y variable. Y por último, su peculiar forma que le ha hecho acreedora de varios sobrenombres populares.

El arquitecto de la Torre Agbar

Esta construcción se encuentra en la estratégica y vital Avenida Diagonal, en la esquina con la Plaça Glories Catalanas. Allí planteó este edificio el arquitecto francés Jean Nouvel, uno de los creadores más prestigiosos del planeta en la actualidad. Su inauguración en septiembre de 2005 fue todo un acontecimiento en la ciudad.

En ella se aprecia un diseño muy atrevido. En realidad se podría definir como una estructura de dos cilindros no concéntricos, unidos por escaleras, ascensores y las diferentes instalaciones funcionales. Pero sobre todo entre esos dos anillos hay un espacio totalmente diáfano.

La iluminación de la Torre Agbar

Una de las peculiaridades de esta torre son los efectos lumínicos que le dan vida y le hacen protagonizar el skyline de la Ciudad Condal. Posee una fachada acristalada en su integridad que con la caída de la tarde se empieza a iluminar, con la particularidad de que el color a lo largo de toda su altura, va variando conforme se va ascendiendo.

Los otros nombre de la Torre Agbar

La denominación oficial hace referencia a que en su interior se acogen las dependencias de la empresa Aguas de Barcelona, si bien en los últimos tiempos se ha hablado de ventas y transformaciones, por ejemplo en un hotel. Pero más allá de su nombre oficial y su uso, lo cierto es que la forma de la torre ha hecho que los barceloneses la hayan bautizado con distintas denominaciones, en algunas ocasiones bastante jocosas. Basta con acercarse hasta ella para ver cuál de estos nombres puede ser el más acertado: obús, géiser, supositorio o pene, entre otros muchos, más o menos mal sonantes. Si bien tal y como dijo su creador, Jean Nouvel, él se inspiró en los dibujos que realizó Antoni Gaudí para levantar rascacielos en Nueva York.

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Tibidabo

En la montaña barcelonesa del Tibidabo se encuentra el parque de atracciones más antiguo de toda España y uno de los más viejos de Europa. Se trata de una de las atracciones más visitadas y tradicionales para el turismo familiar que se acerca a la Ciudad Condal, donde la diversión no está únicamente en el interior del Parc d’atraccions Tibidabo, sino que comienza por el propio desplazamiento hasta la parte alta de la montaña de Collserolla, donde se halla.

La Montaña de Collserolla

En la zona más alta del casco urbano de Barcelona se encuentra el gran pulmón verde de la ciudad. Una zona que supone todo un contraste con el entorno metropolitano, ya que se trata de un espacio dominado por una frondosa vegetación y por fauna salvaje, que sorprende que se encuentre tan sumamente próxima a la gran ciudad. De hecho todo este espacio es un área protegida, y posee la catalogación de Parque Natural. La zona boscosa es un lugar ideal para practicar un poco de senderismo o bicicleta de montaña.

Llegar al Parc d’atraccions del Tibidabo en tranvía

El modo más atractivo de ascender hasta la parte alta del Tibidabo es embarcarse en el Tranvía Azul que lleva hasta los viajeros hasta la estación donde tomar el Funicular. Así de un modo aéreo y con unas espléndidas vistas sobre la extensión de la Ciudad Condal, se llega prácticamente hasta el interior del recinto del parque de atracciones.

La antigüedad del Parc d’atraccions del Tibidabo

En realidad este parque de atracciones es uno de los más antiguos de todo el mundo, ya que abrió sus puertas hace más de un siglo. Concretamente en el año 1905. Todavía se guardan en su interior algunas de las atracciones más antiguas, lo que le da el prestigio propio de un sabor añejo y de otros tiempos. Pero el Tibidabo no se ha quedado anclado en el pasado, y periódicamente se incorporan nuevas atracciones y espectáculos para renovarse y convertirse en un parque de atracciones sumamente divertido para el público infantil del siglo XXI.

De hecho, están muy presentes las nuevas tecnologías, entre las que destacan las impactantes proyecciones en 3D. Y aún va más allá con otras ya realizadas en 4D. Es muy curioso ver como estos reclamos tan futuristas conviven con otros puntos históricos y emblemáticos como la vieja noria o el carrusel, que siguen poseyendo un encanto indudable para niños, y también para mayores nostálgicos.

Santa María del Mar barcelona

Santa María del Mar

La Basílica de Santa María del Mar, junto a la Catedral de la Santa Creu y Santa Eulàlia y el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, forman la triada de templos históricos y artísticos que ofrece como gran reclamo monumental y religioso Barcelona a sus visitantes.

Santa María del Mar en La Ribera

La basílica se encuentra en el barrio de La Ribera, colindante al Barri Gòtic. De hecho, el templo también es de estilo gótico, ya que se construyó en el barrio que fue creciendo durante los siglos XIII y XIV para convertirse en la gran iglesia de los marineros.

Por aquel entonces, la ciudad se integraba en la Corona de Aragón, y la primera piedra para su construcción la puso el rey aragonés Alfonso el Benigno en 1329.

El esplendor del arte Gótico catalán

El templo reúne todas las características de este estilo. Al pasear por su exterior se comprueba que se trata de una iglesia sobria por fuera y que da una impresión de horizontalidad. Y esa sensación se vuelve a tener al adentrarse en el interior. Ya que parece como una gran avenida de piedra de tres carriles, que se corresponden con las tres naves de la iglesia.

Sin embargo, hay un elemento que destaca entre tantas columnas, pilares y bóvedas. Se trata de las vidrieras que bañan con su peculiar luz tamizada y colorida la iglesia. Son vidrieras ya posteriores, porque su realización tuvo lugar entre los siglos XV y XVIII, por lo que son un buen ejemplo de cómo fue evolucionando el arte del vitral en Cataluña.

Santa María del Mar, una iglesia literaria

El best seller de Carlos Ruiz Zafón “La Catedral del Mar” se inspiró en la construcción de esta iglesia al mismo tiempo que crecía el barrio de La Ribera. Por ello, muchos lectores de esa novela quieren conocer in situ el templo y se acercan hasta aquí buscando los ecos del relato.

Sin embargo, además de hallar los elementos que describe el novelista, también se pueden ver otros elementos de la larga historia del templo. Una iglesia que ha sufrido importantes daños con el paso de los siglos como el famoso bombardeo borbónico del año 1714. O el incendio que tuvo lugar aquí en 1936, con la Guerra Civil española. De hecho, aquel incendio calcinó y destruyó el presbiterio, y el actual es ya una realización posterior de bien entrado el siglo XX.

Plaça Reial

Plaça Reial

Cualquier visitante que llega a Barcelona se adentra por el laberinto de calles del Barri Gotic y el conjunto de la Ciutat Vella. Un entramado de estrecheces, recovecos y callejones, pero de pronto, sin buscarlo, tarde o temprano llega a la Plaça Reial o Plaza Real. Una gran plaza abierta que supone un gran contraste con todas las calles que se han dejado atrás. Aunque otra forma muy habitual de llegar es desde las vecinas Ramblas.

La Plaça Reial, una plaza del siglo XIX

Este espacio tan amplio en comparación con su entorno se creó en el siglo XIX por el arquitecto Daniel Molina, quién la integró en el trazado medieval barcelonés, aunque para ello se hubieran de cortas calles antiguas, que ahora desembocan en la plaza mediante pasajes cubiertos.  En todo este espacio urbano se acumulan las arcadas, las palmeras decorando el centro, una fuente histórica que representa a las Tres Gracias e incluso dos farolas diseñadas por Antoni Gaudí. De hecho, estas farolas son las primeras obras conocidas que realizó el arquitecto de Reus en la ciudad.

Pero antes de la arquitectura neoclásica que domina la remozada Plaza Real, aquí hubo un convento que conectaba con Las Ramblas.

De día y de noche por la Plaça Reial

Esta plaza es uno de los lugares más visitados durante las 24 horas del día. Con la luz diurna es un sitio ideal para sentarse a tomar algo tras los paseos culturales por las calles del entorno. Mientras que con la caída de la tarde son muchos los que eligen aquí alguno de sus restaurantes para cenar, tomar una copa en las muchas terrazas o simplemente pasar por aquí camino de los numerosos bares y locales nocturnos del barrio. Por esa razón es muy transitada, y como ocurre en las grandes ciudades turísticas, también aparecen por allí los amigos de lo ajeno, por lo que hay que caminar o sentarse bien atento. Eso sí, la presencia policial aquí es constante.

La sombra de Picasso

Por todo este barrio anduvo, bebió y pintó un joven malagueño llamado Pablo Picasso. Muy cerca de aquí, en la Carrer de la Mercè tuvo su primer taller artístico. Para rendirle un homenaje a ese gigante de la historia de la pintura, es recomendable darse un paseo desde la Plaza Real hasta la cercana Carrer d’Avinyó. En esa vía, en el número 27 había por aquel entonces un burdel, cuyas trabajadoras le sirvieron de inspiración para las famosas Señoritas de Aviñón de 1907.

Plaça Francesc Macià y Diagonal

Plaça Francesc Macià y Diagonal

La Avinguda Diagonal, como indica su nombre cruza prácticamente todo el núcleo urbano de Barcelona de forma diagonal, algo que destaca en el extraordinario damero de calles paralelas y perpendiculares que ordena el urbanismo barcelonés. A lo largo de sus más de 10 km. de longitud se suceden diferentes plazas y rotondas que articulan el tráfico rodado en la metrópoli. Y dentro de esas plazas una de las más importantes es la dedicada a Francesc Macià.

La Avenida de la Diagonal

El origen de esta larguísima calle se remonta al siglo XIX, cuando el urbanista Ildefonso Cerdá, quién también proyectó el Eixample o Ensanche, la concibió como nexo de unión entre las distintas áreas de la retícula urbana. También pensó que aquí se crearía el auténtico centro urbano de Barcelona, sobre todo en la Plaza de las Glorias Catalanas, si bien con el paso del tiempo ese papel preponderante lo ha tomado la Plaça de Catalunya. No obstante, el objetivo de unir los barrios de la ciudad, lo sigue cumpliendo la Diagonal, gran arteria de la urbe, y también es una de sus principales vías de entrada y salida.

La Plaça de Francesc Macià

Esta plaza se encuentra en la mitad occidental de la Diagonal. Lleva el nombre de un político y militar catalán que por su ideología republicana e independentista se ha convertido en referente del nacionalismo. De hecho, no solo esta importante plaza lleva su nombre, sino que en la plaza más importante de Barcelona, la Plaça de Catalunya se alza un gran monumento en su recuerdo.

Pero volviendo a la plaza de Francesc Maciá, ésta no siempre ha tenido este nombre. Lo cierto es que su denominación ha variado a lo largo de los años, y siempre con claros tintes políticos que la rebautizaban según el gobierno de cada momento. El caso es que desde 1979 recibe su actual nombre en recuerdo del que fuera presidente de la Generalitat.

Aunque independientemente de su nombre, de cara a su uso actual, se puede decir que es una de las más transitadas, ya que además de estar atravesada por la Diagonal, en ella convergen otras importantes calles como las de Josep Tarradellas, Conde de Urgell y la Avenida de Pau Casals. Por eso no es extraño que aquí se acumulen infinidad de carteles de publicidad, tanto que se la conoce con el sobrenombre de “Macia Square”.

El centro propiamente de la plaza no es accesible, ya que está ocupado por un estanque, que curiosamente tiene la misma forma que la silueta de Menorca, ya que el arquitecto que la diseñó era originario de esa isla balear.

Parque Güell

Parque Güell

 

Uno de los protagonistas de una visita a Barcelona, inevitablemente es Antoni Gaudí. El arquitecto creador de La Sagrada Familia, o las Casa Batlló  y Milá en el Paseo de Gracia. Pero entre todo el repertorio arquitectónico de este genio del arte modernista, hay un lugar barcelonés diferente, por la singular combinación de arte y naturaleza. Se trata del Park Güell.

Historia del Parque Güell

La intervención de Gaudí en este espacio fue por un encargo que el arquitecto recibió del empresario Eusebi Güell. Éste pretendía construir aquí una fastuosa residencia, sin embargo el proyecto de Gaudí fue modificándose con el paso del tiempo, hasta que se inauguró en 1922 como un fantástico parque, único en su género. Tanto es así que está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La visita al Parque Güell

Recorrer los jardines del Park Güell supone todo un cambio de sensaciones respecto a los recorridos por la metrópoli barcelonesa. Es como una isla de paz dentro de la ciudad. Todo aquí es fruto de la imaginación de Gaudí, quién se inspiró en las formas de la naturaleza para sus atrevidos diseños arquitectónicos y estéticos.

A lo largo de este paseo hay varios lugares que merecen la atención. Uno de ellos es el centro del parque donde se despliega un gigantesco banco que alcanza los 100 metros de longitud, y cuyas formas evocan las ondulaciones de una serpiente. Pero además, lo que serían escamas en el animal real, aquí se transforman en piezas cerámicas de alegre colorido.

Otros puntos de atracción son la Fuente del Dragón o el Monumento del Calvario, que proporciona unas incomparables vistas del núcleo urbano barcelonés con el telón de fondo del azul del Mediterráneo.

Casa Museo de Gaudí

El arquitecto debió quedar tan maravillado y orgulloso de su obra, que decidió instalar su vivienda entre 1906 y 1925 en el propio Park Güell. El lugar donde vivió se ha transformado en su interesante Casa Museo, uno de los mejores lugares para comprender la genialidad de este creador total.

Pero no es la única zona de exposición en este recinto. También hay dos casas que parecen fruto de un cuento de hadas. Ambas están cercanas a la entrada al Park Güell. Una es la tienda oficial de recuerdos de este monumento. Y otra es la Casa del Guarda, que en la actualidad programa exposiciones en las que se puede descubrir la historia de este espacio de Barcelona que recibe visitantes todos los días del año.

Museo-Picasso-Barcelona

Museo Picasso

Picasso llegó a Barcelona cuando todavía era Pablo Ruíz Picasso. En la Ciudad Condal se comenzó a convertir en el gran genio de la pintura del siglo XX, y precisamente vivió y trabajó en el Barrio Gótico. Es decir, el Museu Picasso de Barcelona no podía estar en otro lugar que en el corazón histórico de la ciudad.

La modernidad de Picasso

No puede haber mayor contraste entre las obras que se exponen en el Museo Picasso y el edificio que las alberga. Bueno, en realidad son cinco inmuebles, cinco palacetes históricos con detalles históricos que van desde el Gótico hasta el arte barroco. Allí se guardan hasta 3.500 obras en diferentes materiales, soportes y estilos que donó el propio Picasso cuando ya era una figura venerada en el mundo entero, y que las cedió a la ciudad donde dio importantes pasos para convertirse en ello.

Obras de juventud de Picasso

La gran mayoría de dibujos o pinturas que se exponen en este museo pertenecen a la fase previa a que Picasso se instalara en París. Por ello son obras creadas durante sus años de juventud, hasta el denominado periodo azul de su producción pictórica. Y sin duda es muy interesante para ver como poco a poco fue generando su estilo propio que después daría lugar a una de las corrientes vanguardistas más valoradas: el Cubismo.

Las Meninas según Picasso

Si bien, el Museu Picasso también atesora otras obras de su plenitud creativa. De hecho hay tres salas dedicadas a las innumerables versiones, reinterpretaciones y bocetos que hizo desde 1954 a 1962 de uno de sus cuadros más admirados: Las Meninas de Velázquez. Contemplando todas estas creaciones picassianas en realidad se puede hacer un repaso a los numerosos estilos y las técnicas que el pintor malagueño usó a lo largo de su dilatada y agitada vida.

Las obras maestras del Museu Picasso

Una de las obras más valoradas del museo es el retrato de la Tía Pepa, que el pintor hizo a su tía Josefa con tan solo 14 años. Un obra tremendamente realista. Tan solo un año después realizó su obra Ciencia y caridad, que también se expone aquí.  Y como representaciones del periodo azul están colgadas las obras El loco y Azoteas de Barcelona.

Las cerámicas de Picasso

Este artista además de pintor, fue un consumado ceramista. Un trabajo que realizó a lo largo de toda su vida, pero sobre todo al final. Aquí se conservan hasta 40 piezas de cerámica firmadas por Picasso y que dan muestra de su inagotable creatividad.

Museu de l’Eròtica de Barcelona

Museu de l’Eròtica de Barcelona

Durante un viaje a Barcelona el paseo por las animadas Ramblas es inevitable, en realidad, prácticamente obligado. A lo largo de este recorrido se encuentran varios de los atractivos más famosos de la ciudad. Entre todos ellos hay uno que merece una atención especial y una visita, mucho más si se viaja acompañado de la pareja en plan escapada romántica. Se trata del Museu de l’Eròtica.

La colección de arte del Museo Erótico de Barcelona

La exposición de este museo abrió sus puertas en 1997 y desde entonces sus salas han ido incorporando cada vez atractivos y reclamos más sugerentes y sensuales. En realidad, se puede dar un paseo entre reproducciones de las obras más eróticas de la historia del arte, o conocer un poco de la historia del cine pornográfico. En total, un recorrido provocador y sensual por una colección que supera los 800 elementos expuestos.

El erotismo oriental en Barcelona

Entre los tópicos universales del erotismo se encuentra todo lo relacionado con la sexualidad en el Lejano Oriente. Por ello uno de los apartados más aclamados del Museu de l’Erótica de Barcelona es la zona dedicada al sorprendente y más que explicito arte erótico japonés. Así como también existe un espacio dedicado al libro del Kama Sutra hindú, todo un tratado sobre las posturas sexuales más placenteras y también las más acrobáticas, sin duda algunas dignas de record.

El Jardín Erótico del Museo

Y hablando de records, en este museo se pueden conocer algunos de los records mundiales e históricos relacionados con el sexo. No vamos a desvelar aquí ninguno, es mejor visitar el museo y sorprenderse ahí, en el ambiente propicio.  De hecho, el museo posee un lugar con una atmósfera especial. Se trata del Jardín erótico. Un lugar cuya naturaleza, decoración y ambientación invita al hedonismo y al disfrute del placer. Sin duda, si se visita el Museu de l’Erótica en pareja, tras pasar un rato por sus salas y relajarse en el jardín, tras eso solo queda una cosa por hacer y es dirigirse a la habitación de hotel o al alojamiento contratado en la ciudad y disfrutar de lo aprendido y sentido en el museo.