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Jardines Mossèn Costa i Llobera

Miramar y Jardins Costa i Llobera

La Montaña de Montjuïc posee un sinfín de reclamos turísticos de primer orden. Los más famosos son el Poble Espanyol, el Museu Nacional d’Art de Catalunya o el Estadio Olímpico. Sin embargo, hay un gran repertorio de jardines, menos conocidos, pero de un enorme encanto. Entre otras cosas por suponer verdaderas islas de vegetación en plena metrópoli. De todos ellos, uno de los más atractivos son los Jardins Costa i Llobera.

Los Jardins de Mossèn Costa i Llobera

Se encuentran al sur de Montjuïc, en la zona de laderas menos transitadas por los viajeros, lo cual ya es de por sí un atractivo. La vista de estos jardines es de lo más atractiva, porque parecen precipitarse en caída libre hacia la zona del puerto de Barcelona. Gracias a su orientación disfrutan de un microclima especial, el más idóneo para el desarrollo de numerosos cactus y otras especies vegetales propias de ambientes desérticos. Es todo un deleite bajar de la montaña hacia el corazón barcelonés caminando entre estos jardines.

Más jardines de Montjuïc

Muy diferentes a los anteriores son los Jardins de Mossèn Cinto Verdaguer, que llevan el nombre de un poeta del Romanticismo. En ellos destacan sus plantas de flor. Allí abundan las dalias, los tulipanes o los narcisos. Además también llaman la atención sus zonas acuáticas pobladas de nenúfares y flotes de loto.

Pero todavía hay más zonas ajardinadas por esta área de Barcelona. Uno de ellos son los Jardines de Joan Brossa, cerca de la Plaça de la Sardana. Estos jardines, a su atractivo vegetal, suman la abundancia de lugares de recreo para los niños y las diferentes esculturas de que salpican su extensión. Y desde luego, también en Montjuïc también se halla el Jardín Botánico de Barcelona, fruto de la relativamente reciente transformación de un antiguo vertedero en una hermosa zona verde. Por cierto, de todos los jardines citados hasta aquí, el Botánico es el único de pago.

Miramar

El nombre de esta zona lo dice todo. Es un punto ideal para contemplar el Mediterráneo y el puerto de Barcelona. Hasta aquí llega el Telefèric de Montjuïc y se arremolinan los turistas. Pero con tan solo desplazarse un poco se llega hasta los Jardines del Mirador, donde reina la vegetación, la tranquilidad y un ambiente mucho más recogido, con el añadido de que las vistas sobre el litoral son tan magníficas o incluso mejores.

fundació joan miró

Fundació Joan Miró

La efervescencia creativa en Cataluña, y especialmente en Barcelona, a lo largo de todo el siglo XX es indudable. En unos casos por artistas llegados de otros territorios de España como el malagueño Picasso o el aragonés Pablo Gargallo, y en otros por creadores catalanes tan internacionales como Gaudí o Dalí. Sin embargo, ninguno de estos dos fueron barceloneses de nacimiento, en cambio sí que lo era Joan Miró que nació aquí en 1893. Y por supuesto su ciudad natal había de tener un importante espacio cultural, y también turístico, dedicado a este gran artista de las vanguardias. Se trata de la Fundació Joan Miró, situada en la plaza de Neptuno, en Montjuïc.

El edificio de la Fundación Joan Miró

El propio contenedor de la mejor colección de Miró es una obra de arte en sí misma, ya que se trata de un gran edificio blanco diseñado por uno de los arquitectos más prestigiosos de España en el siglo XX: Josep Lluis Sert. Este personaje en realidad también fue muy amigo de Miró, e incluso él mismo proyectó el taller-estudio que el pintor poseía en Mallorca, el lugar donde falleció en 1983.

La más amplia colección de obras de Joan Miró en el mundo

En las salas de la Fundació se conservan 220 pinturas, 180 creaciones escultóricas y más de 8.000 dibujos surgidos de las manos y el genio de Miró. Además de que aquí también se conserva la colección de libros que atesoraba el artista. Todo ello configura el mayor conjunto artístico de este creador de prestigio internacional. Y sobre todo plasma de forma clara y contundente la evolución de su arte, ya que todo ese repertorio pertenece a toda su trayectoria vital, desde sus años de formación a sus últimas obras. Por ello con la visita a la Fundació Joan Miró se puede comprender como sus concepciones artísticas fueron variando e igualmente como algunos elementos los fue repitiendo a lo largo de toda su vida, independientemente del estilo artístico y técnica que fuera trabajando.

Exposiciones permanentes y temporales de la Fundació

Con tal cantidad de fondos, fruto del legado que el propio artista hizo a su ciudad en 1971, la Fundación Joan Miró va programando diferentes exposiciones, de forma que la visita a este espacio museístico siempre va cambiando y proporciona nuevos descubrimientos. Por esa razón, aunque se visite Barcelona varias veces, la Fundació siempre ofrece una perspectiva diferente sobre el artista.

Estació de Sants

Estació de Sants

Un elevadísimo número de viajeros cuando llegan a Barcelona, lo primero que ven es la Estación de Sants. Hasta aquí llegan los trenes de media y larga distancia, también muchos autocares que traen visitantes por carretera desembarcan al pasaje en Sants, y por supuesto los que aterrizan en el aeropuerto del Prat de Llobregat, por medio de la Estació de Sants tienen una de las conexiones más rápidas por tren hasta el corazón de la Ciudad Condal. De hecho, se estima que esta estación acoge más de 30 millones de desplazamiento a lo largo del año.

El edificio de la Estació de Sants

Donde se encuentra la actual y gigantesca estación, ya hubo una anterior construida en 1930, que a su vez, dado el gran desarrollo de la metrópoli de Barcelona se amplió en 1979. Pero con la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992, se volvieron a acometer obras para dotarla del aspecto tan enorme y funcional que tiene en la actualidad. De este modo, hoy Sants no solo es uno de los principales puntos de entrada y salida de Barcelona, sino que además está perfectamente comunicada con el resto de la ciudad, tanto por autobús urbano como por metro.

La fachada de la Estació de Sants

Al salir de la estación se abre la gran Plaça Els Paisos Catalans. Un enorme espacio urbano que se generó en 1983 de aspecto muy moderno y donde se ubican varios hoteles que reciben casi de forma inmediata a los viajeros, sobre todo a muchos que se desplazan a Barcelona por motivos de trabajo, ya que tener el alojamiento en este lugar es de lo más funcional y cómodo, tanto para descansar como para desplazarse posteriormente.

Pero una vez que se sale de la estación a la Plaça Els Paisos Catalans, merece la pena darse la vuelta para contemplar la principal fachada de la estación, donde se despliegan las esculturas del artista Josep Maria Subirach.

El Parc de l’Espanya Industrial

Si bien, si se quieren ver esculturas. A escasa distancia de la estación se encuentra este parque que es todo un remanso de paz rodeado del ajetreo típico de un lugar tan transitado como Sants. El solar lo ocupaba la fábrica textil Vapor Nou, y en la actualidad, aunque se han respetado algunos espacios de su antigua actividad, se ha convertido en una bella zona verde plagada de esculturas de arte contemporáneo que amenizan el paseo por esta área.

Calle barcelona

Creu Coberta

Hoy en día se tiende a hacer las compras en gigantescos y modernos centros comerciales, sin embargo la Creu Coberta de Barcelona invita a los vecinos y a los visitantes a comprar de otro modo, a la antigua usanza. Paseando por la ciudad y entrando en establecimientos más pequeños y familiares, donde el trato es más cercano y personal. Esto se puede hacer en la carrer Creu Coberta que se inicia en la famosa Plaza d’Espanya a los pies de la Montaña de Montjuïc.

Associació de Comerciants de Creu Coberta

La unión hace la fuerza, por eso esta asociación reúne a los propietarios de las tiendas distribuidas en este sector de la Ciudad Condal. Allí se encuentran tiendas de zapatos y textiles, también perfumerías o de productos de marroquinería. Así como también se pueden encontrar locales de reconocidas franquicias o de cadenas comerciales, no obstante negocios que se basan en el mismo argumento de especialización y cercanía que los comercios más pequeños. Todo ello crea un conjunto de tiendas en las que poder hacer interesantes compras, tanto para recuerdos del viaje a Barcelona como para productos que se necesitan y que no se encuentra el momento para adquirirlos.

El barrio de Hostafrancs

Este es el barrio donde se encuentra la vía de la Creu Coberta, que es su eje principal. Por allí, además de aprovechar para hacer compras, por ejemplo en el cercano Mercado de Hostafrancs cuyos orígenes se remontan a 1888, también se puede aprovechar para turistear, ya que es una zona con su propia historia. Y muy antigua, ya esta misma calle de Creu Coberta fue el Camino Real, que a su vez se levantó sobre el trazado de una antiquísima vía romana. Incluso el nombre de Creu Coberta tiene un origen histórico, ya que ese topónimo recuerda una cruz de término que hubo en esta zona, cuando esta área no pertenecía a Barcelona sino a Sants.

Los parques de la zona

En definitiva, pasear por la calle Creu Coberta y el barrio de Hostafrancs es una experiencia puramente de turismo urbano, donde se descubre la vitalidad de la ciudad en un punto relativamente alejado del centro, aunque extraordinariamente bien comunicado por metro y autobús urbano. No obstante, si se desea descansar un poco del asfalto, muy cerca hay dos parques para relajarse. Uno es el Parc de l’Espanya Industrial y el otro es el Parc de Joan Miró, inaugurado poco antes de la muerte del pintor barcelonés.

museu marítim

Colom y Museu Marítim

Sin duda uno de los hitos más emblemáticos del paisaje barcelonés es el Monumento a Colón, punto final del tradicional paseo por las Ramblas. Es casi obligatorio recorrer este bulevar, en el que a cualquier hora del día o de la noche hay animación, por la cantidad de gente, los quioscos, las actuaciones callejeras y también por los muchos amigos de lo ajeno a la caza de incautos. El sentido más apropiado es descender desde la Plaza Cataluña hasta la estatua de Colón, situada prácticamente a orillas del mar.

El Monumento a Colom

La figura del descubridor del continente americano se eleva sobre una columna, y aunque la lógica nos diría que Cristóbal Colón debería señalar con su mano hacia el oeste, lo cierto es que es todo lo contrario. E indica la cercana presencia del Mediterráneo.  Este monumento se inauguró en 1888, con motivo de la celebración en Barcelona de una Exposición Universal, y desde entonces es uno de los lugares más visitados de la urbe.

El Mirador de Colón

Llegando hasta los pies del monumento se puede ver cómo es posible ascender hasta su parte alta, incluso las personas con movilidad reducida, ya que esta atracción turística está adaptada para que les sea posible el acceso hasta el mirador, y así poder disfrutar de las amplias vistas panorámicas de la ciudad. Este mirador se ubica en la misma esfera que soporta la escultura, y hasta ella se accede por un ascensor que recorre el interior de la columna que sustenta todo el conjunto.

El Museu Marítim

Desde el Mirador de Colón, además de disfrutar de la zona vieja de Barcelona, también se puede otear el Port Vell y su entorno. Allí se encuentra el Museo Marítimo de Barcelona. Este museo se halla ubicado en lo que fueron las Reials Drassenes (las Reales Ataranzas), que no eran otra cosa que unos magníficos astilleros que se comenzaron a construirse en el siglo XIII y no fueron acabados hasta finales del XIV, como manifiesta su clara arquitectura gótica.

Pero si el edificio ya es sumamente interesante, aún más lo es la colección expuesta en Museu Marítim. De todo el conjunto destaca una réplica a tamaño real del buque insignia de don Juan de Austria, quién dirigió la famosa Batalla de Lepanto. El motivo es que ese barco se hizo en estos astilleros barceloneses. Pero la colección es mucho más amplia, con réplicas de otro tipo de barcos, así como infinidad de maquetas, reconstrucciones y dioramas que plasman la constante relación entre Barcelona y el mar.

Casa Batllo

Casa Batlló y Fundació Antoni Tàpies

El conjunto monumental del Passeig de Gràcia es de lo más suculento que se puede visitar en Barcelona. Y de todo el trazado de esta importante arteria barcelonesa hay un tramo de fama internacional. Se trata de la llamada Manzana de la Discordia, ubicada entre las calles Aragó y Consell de Cent, perpendiculares al Paseo de Gracia. Allí se encuentran tres construcciones modernistas únicas, realizadas cada una de ellas por tres de los grandes arquitectos de ese estilo artístico: la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch, la Casa Lleó Morera de Lluis Domenech i Montaner, y la Casa Batlló de Antoni Gaudí.

La Casa Amatller y la Casa Lleó Morera

En la primera se invirtieron diez años en su construcción, de 1890 a 1900. Esta fue la primera de las grandes obras con las que se renovó el aspecto del Passeig de Gràcia. El resultado es una de las casonas más bellas de la época donde participaron los artesanos de la forja, carpintería o cerámica más reputados del momento. Y en cuanto a la Casa Lleó Morera, levantada entre 1902 y 1906, es de una estética que nos recuerda la arquitectura gótica y renacentista de los siglos pasados, eso sí, reinterpretadas por las formas más floridas del Modernismo.

La Casa Batlló

La gran obra de la Manzana de la Discordia es una creación del gran Antoni Gaudí. Aquí el arquitecto de Reus concibió una de sus construcciones más personales, prácticamente al mismo tiempo que Domenech i Montaner estaba erigiendo la Casa Lleo Morera. Esta casa en realidad era una reforma de un edificio anterior, pero una reforma en la que Gaudí genera una sinfonía de movimiento y color, con unas formas que jamás se habían visto antes. De hecho, muchos críticos hablan de que en esta fachada Gaudí realmente se inspiró en sus sueños. Y la verdad es que la Casa Batlló es un disfrute para los sentidos de cualquier paseante que va por el Paseo de Gracia. Aunque no se sepa nada de arquitectura, se es consciente de que se está admirando una obra de arte diferente y única.

La Fundació Antoni Tàpies

Estas tres casas son excelentes ejemplos del arte de principios del pasado siglo, pero para conocer otras obras propias de las vanguardias más rompedoras realizadas en pleno siglo XX, hay que desplazarse a la Fundació Tàpies, ubicada en la misma Calle Aragó. En un edificio, también modernista, se conservan miles de pinturas, esculturas, grabados y dibujos de Tàpies, uno de los artistas catalanes y españoles de renombre mundial.

anella olímpica

Anella Olímpica

Esta zona de Montjuïc está prácticamente en su totalidad dedicada al deporte, no obstante es un ejemplo de urbanización y de arquitectura de finales del siglo XX, ya que todo lo que contiene la Anilla Olímpica es fruto de la transformación que supuso para la ciudad los Juegos Olímpicos de 1992.

Las formas arquitectónicas de la Anella Olímpica

Todo este espacio se organiza en tres niveles diferentes, y a lo largo de los mismos van surgiendo distintos elementos de carácter muy vanguardista. Tanto por sus materiales como por sus elementos ornamentales, la arquitectura de la zona es sumamente contemporánea, y en ella destacan unos enormes focos de luz elevados a 18 metros y el conjunto de esculturas monumentales dispersas por esos espacios. Pero sobre todo la Anella Olímpica es el lugar donde se ubican algunos de los equipamientos deportivos más afamados de Barcelona, y en los que de forma constante siguen programando eventos de categoría internacional.

Estadi Olímpic

Este enorme estadio se originó en 1929 para la Exposición Universal, pero fue completamente remozado para 1992, siendo el escenario emblemático de aquellos JJ.OO. Ese origen antiguo del estadio lo diferencia de otros más modernos, ya que aquí se disfruta de una monumental fachada donde aparece la Puerta Maratón de aires clásicos, y donde se puede ver un conjunto escultórico realizado por Pablo Gargallo, del cual también hay otro grupo escultórico en el interior. Además dentro del estadio, los nostálgicos pueden visitar la Galería Olímpica, con recuerdos de aquellas Olimpiadas.

Palau Sant Jordi

A diferencia del Estadio Olímpico, este palacio de los deportes sí que se construyó de nueva planta y fue diseñado por uno de los arquitectos más prestigiosos del planeta, el japonés Arata Isozaki. El gran triunfo de esta construcción es que con el paso de los años se ha convertido en el recinto ideal para competiciones deportivas, pero también para otro tipo de eventos. Por ejemplo, conciertos de música, actos culturales e incluso religiosos.

Piscinas Picornell

Se encuentran en el segundo nivel de la Anella Olímpica, y también son fruto de una reconversión para las Olimpiadas de 1992, ya que las piscinas estaban aquí ya en 1970. Sus instalaciones tienen una enorme reputación. Junto a ellas está la Campana Alemana, uno de los elementos icónicos de la zona.

La Torre Montjuïc – Calatrava

Aunque para emblema de la barcelonesa Anilla Olímpica, la torre que diseñó el arquitecto Santiago Calatrava. Una construcción que llama la atención por su color blanco, sus formas curvas y su altura que ronda los 120 metros, una altitud que alcanza pese a que tiene una inclinación de 17 grados.

Barrio gotico

Barrio Gòtic

El Barrio Gótico de Barcelona es el corazón histórico de la capital catalana. Una zona de callejuelas y antiguos edificios que merece un paseo tranquilo. Es bueno perderse por ese entramado medieval e ir descubriendo los lugares más emblemáticos casi por casualidad. No obstante, para aquellos que deseen seguir un itinerario concreto, aquí va una recomendación para dar una vuelta por el Barri Gòtic y contemplar sus enclaves más atractivos en menos de una hora.

El inicio del recorrido por lo más antiguo

Un buen punto de comienzo es la Plaça de la Vila de Madrid. Allí se descubre uno de los vestigios más antiguos de Barcelona. En unos jardines se pueden ver unas antiquísimas tumbas romanas, que nos hablan de cuando Barcelona era conocida por su nombre latino: Barcino.

Saliendo de la Plaza Villa de Madrid se continúa por la animada calle de Santa Ana, hasta llegar a la plaza del mismo nombre. Allí se encuentra una joya no muy conocida de la Ciudad Condal, la iglesia de Santa Anna, en cuyo claustro gótico uno se puede refugiar del bullicio del entorno.

Modernismo en el Barrio Gótico

El recorrido prosigue hacia los muros del jardín del palacio de Guifré el Pelós (Wifredo el Peludo), que fue el primer conde de Barcelona, un título que se ha mantenido durante siglos. No obstante, lo más interesante es que al acabar esos muros se encuentra el restaurante Els Quatre Gats, donde la bohemia de la Barcelona de principios del siglo XX fraguó el arte modernista catalán.

La Catedral y otras iglesias

Paseando por el Barri Gòtic tarde o temprano se llega a la Catedral. El templo gótico por excelencia de la ciudad. Y eso que no todo lo que se ve tiene tantísima antigüedad, ya que las obras en este edificio han sido continuas durante siglos.

Si el volumen de la Catedral atrae y merece unas buenas fotos, los amantes del arte están de enhorabuena durante este recorrido ya que a poca distancia van a contemplar la iglesia de San Felipe Neri, cuya arquitectura barroca también guarda recuerdos en forma de metralla de la Guerra Civil. E igualmente muy próxima está la iglesia de Santa María del Pi, una de las más queridas por los barceloneses.

Los edificios institucionales de Barcelona

Como es habitual en muchas ciudades, el centro histórico acoge los edificios gubernamentales. Aquí se sitúan en la Plaça Sant Jaume, donde se eleva el Ajuntament y el Palau de la Generalitat. Un buen punto y final para acabar este itinerario y buscar algún sitio para tomar algo tras la caminata.

sagrada familia

La Sagrada Familia

La obra cumbre e inacabada del genial arquitecto catalán Antoni Gaudí es el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona. Se trata del monumento que más visitas recibe en la Ciudad Condal y en toda España.

Una obra de arte en vivo y en directo

Gaudí trabajó durante 43 años en esta obra grandiosa. De hecho, desde los mismos comienzos del proyecto, él ya sabía que iba a ser su creación más sublime. Pero cuando murió en 1926 dejó el templo sin concluir. De hecho, los trabajos de construcción continúan en la actualidad siguiendo los diseños originales del arquitecto. Por ello con la entrada a la Sagrada Familia, los visitantes no solo contemplan una fastuosa obra del Modernismo catalán, sino que tienen la oportunidad de observar cómo se crea una obra de arte de categoría mundial.

Ese es uno de los atractivos del recorrido guiado por esta basílica, además de descubrir como Gaudí diseñó todos y cada uno de los detalles de la iglesia. Una obra en piedra pero cuyas formas se inspiran en la naturaleza, donde no existe la línea recta. Por ello aquí las columnas y sus bóvedas simulan ser árboles y frondosas copas. En definitiva, todo un derroche de imaginación, arte y también creencias religiosas, ya que este genio de la arquitectura era un fervoroso creyente.

El recorrido guiado por la Sagrada Familia

Con el ticket de entrada al monumento se recorre la nave del templo, el claustro, la cabecera y las capillas, de forma que se puede apreciar desde el interior como concibió el espacio religioso Gaudí. Además es posible subir a sus emblemáticas torres campanarios, para disfrutar de una panorámica elevada de todo el conjunto arquitectónico y de todo el barrio del Eixample/Ensanche barcelonés que surgió casi al mismo tiempo que la Sagrada Familia.

Por otra parte dentro del itinerario turístico tienen un protagonismo especial las tres portadas esculpidas. Las de la Gloria, el Nacimiento y la Pasión, donde cada uno de los detalles de los cientos de figuras que las componen fueron ideados por el propio arquitecto.

El museo de Gaudí

El final de la visita tiene lugar en la cripta del templo, ocupada en parte por el Museo Gaudí. Allí se acaba de descubrir el peculiar pensamiento artístico del arquitecto, ya que se exponen sus bocetos, maquetas y planos. Toda una lección de Modernismo, arquitectura y genialidad.

Doha

GUÍA DE DOHA

Si piensas viajar a Doha, la capital de Catar, y pasar unos días de vacaciones, lo primero que has de saber es que tienes que llevar la tarjeta de crédito bastante saneada, porque es un destino turístico entre caro y muy caro. Y la segunda cuestión es que los atractivos de la ciudad tampoco abundan, más allá de las compras y ciertas experiencias lujosas. Si bien la capital a orillas de Golfo Pérsico, es el mejor lugar para adentrarse al interior desértico de este país. Por eso, aquí van unas recomendaciones para una breve estancia, de tan solo unas horas, mientras se hace un trasbordo de aviones.

UNAS HORAS EN DOHA

QATAR AIRWAYS

La aerolínea ofrece muchos vuelos que unen Europa con ciudades africanas y asiáticas, por lo que si hacéis escala en Doha durante unas horas podéis aprovechar para visitar la ciudad, ya que el Aeropuerto Internacional se encuentra muy próximo a la urbe. Eso sí, tendréis que pagar unos euros por el visado. Merece la pena, ¿quién sabe cuando volveréis a este lugar?

DE LAS PERLAS AL PETRÓLEO

Doha es una ciudad moderna, fundada a inicios del siglo XIX cuando aquí hubo un “gran árbol” (traducción de su nombre). Durante más o menos un siglo, esto era un pueblo de pescadores y recolectores de perlas. Como recuerdo de aquellos tiempos, cuando recorráis el Corniche, que es el paseo de 5 km. que rodea la bahía de Doha, veréis una gran escultura de una ostra, y también, teniendo como telón de fondo los rascacielos de acero y cristal, sobre las aguas de la bahía veréis unas curiosas embarcaciones que huelen a tradición. Son los dhows, los barcos de pesca antiguos que ahora en muchos casos se han reconvertido en embarcaciones de recreo para los turistas. Pero aquello de pescar y bucear buscando perlas se acabó. Antes de mediados del siglo XX aquí apareció petróleo y gas. El maná que hace que Catar sea el país con mayor renta per capita del mundo. Eso sí, la poseen los catarís, no la población en su conjunto, entre las que veréis muchos emigrantes asiáticos y de países del Oriente Próximo.

EL MUSEO ISLÁMICO

Durante las horas en Doha es imprescindible visitar gratis el Museo de Arte Islámico. Una de las mayores colecciones del mundo en su género. Los catarís invirtieron millones y millones de dólares para traer aquí piezas islámicas de cualquier lugar del planeta. Por ejemplo, las hay procedentes de La Alhambra granadina. E incluso el edificio es una inmensa maravilla, construida a golpe de talonario por el mismo arquitecto chino Pei que hace décadas creó la polémica y funcional Pirámide del Louvre.

EL ZOCO WAQIF

No hace falta visitar ese museo para saber que estáis en un país islámico. Lo comprobareis desde el primer momento, por las vestimentas de hombres y sobre todo de mujeres, y eso que dentro de su entorno, Catar es de los más abiertos en ciertas cuestiones. Donde igual no os parece que estáis en un país árabe es cuando os adentréis en el Zoco Waqif. Los productos son de aquí, los vendedores también, pero el caos, griterío y suciedad típica de este tipo de mercados no existe. Todo es pulcritud, orden y exquisiteces. Un resumen de la Doha que enseñan a los turistas.